viernes, 8 de diciembre de 2017

REBECO / NORTHERN CHAMOIS (Rupicapra rupicapra)

   Alpenzoo, Innsbruck, Alemania, 11/2017

   El rebeco (Rupicapra rupicapra) es uno de los pocos animales capaces de moverse en los roquedos montañosos con la seguridad de un equilibrista sobre la cuerda floja. Aunque el terreno dé la sensación de imposibilidad para desplazarse por él, los rebecos lo consiguen, sorprendiendo a quien los contempla. el secreto no es otro que una zona almohadillada en la parte posterior de sus pezuñas y la presencia, también, de una membrana interdigital entre ambas, que sirve para ampliar la superficie de sujeción y permite que el animal se agarre firmemente al terreno y no resbale.
   Es un animal de dimensiones medianas, con una longitud total que oscila entre los 105 y los 135 cm y una altura en la cruz entre 75 y 85 cm. El peso varía entre 30 y 50 kg. Presenta una coloración muy particular que hace que resulte muy fácil distinguirlo de otros ungulados, aunque se halle a gran distancia, pues es castaño oscuro, con las ancas, los flancos y la parte superior del hocico blancos. El pelaje de verano es diferente al de invierno, más corto y claro en el primer caso y más oscuro y tupido en el segundo.

   Alpenzoo, Innsbruck, Alemania, 11/2017
 
   A diferencia de lo que sucede en otros muchos ungulados del medio montano, apenas existe dimorfismo sexual, por lo que resulta difícil diferenciar a simple vista los machos de las hembras. Pero los primeros son de tamaño algo mayor y presentan un cuerpo más robusto, con un cuello más ancho. Ambos poseen una cornamenta reducida, de hasta 25 cm de longitud, algo más grande en los machos. Estos cuernos se dirigen hacia arriba y se curvan hacia abajo y hacia atrás por la punta.
   Las hembras con sus crías y los juveniles viven formando grupos bastante numerosos, de hasta un centenar de individuos, en los lugares donde abunda el alimento y donde sea escasa la presencia humana; en caso contrario, son mucho menores y más discretos. Los machos adultos, en cambio, suelen llevar una vida solitaria, ocupando territorios propios que defienden frente a las incursiones de otros machos. Sólo durante la época de celo, que tiene lugar a mediados de otoño, estos galanes se acercan a las manadas de hembras, atraídos por el especial aroma que desprenden ellas durante estos días, y luchan entre ellos para conseguir reunir un harén. Pero, al contrario de lo que sucede en otras especies, como la cabra montés, estos enfrentamientos son poco agresivos y en la mayor parte de los casos se limitan a miradas de recelo y actitudes de ostentación.

   Alpenzoo, Innsbruck, Alemania, 11/2017


   Rebeco de los Alpes (R. r. rupicapra)
   Tierpark Berlín, Berlín, Alemania
 
   Las crías, que nacen entre los meses de abril y junio, vienen al mundo con un peso aproximado de 2 kg. Al principio carecen de cuernos, si bien éstos empiezan a crecer muy rápidamente. Para traerlos al mundo las hembras se retiran al abrigo de unos matorrales y buscan allí un lugar protegido frente a los posibles depredadores.
   La dieta de los rebecos se basa en hierba y brotes tiernos, aunque también ingieren toda clase de frutos y otros vegetales menos apetecibles cuando la necesidad acucia. En general suelen escoger las horas de luz para alimentarse, retirándose a descansar cuando llega la noche.
   El rebeco habita en algunas áreas de montaña del sur de Europa, preferentemente en la línea en que el bosque da lugar a los prados alpinos. Como todas las especies de montaña, el efecto del aislamiento se deja sentir en forma de variedades, razas, subespecies e incluso la aparición de nuevas especies. Así, en la península ibérica se ha diferenciado una especie, el rebeco pirenaico (Rupicapra pyrenaica), también denominada gamuza, sarrio o isard, que vive en los Pirineos y en la Cordillera Cantábrica.

   Alpenzoo, Innsbruck, Alemania, 11/2017

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